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Reseña de 'El jugador' de Dostoyevski

Publicada en 1867, ‘El jugador’, de Fiódor Dostoyevski, es una de las novelas más célebres y reconocidas de todos los tiempos. Fue escrita en un periodo de tiempo record, ya que el escritor, prácticamente en la ruina, había adquirido un préstamo por el cual cedería los derechos de sus trabajos si no entregaba una novela terminada en el plazo previsto, y en ella se trasluce la propia ludopatía del autor, aficionado a la ruleta.

El protagonista de la historia es Alekséi Ivánovich, también llamado Alexis Ivanovich en algunas ediciones españolas, y cuenta sus peripecias en la ciudad ficticia de Roulettenburg, basada en la alemana de Wiesbaden, a través de notas que bien podrían considerarse un diario. Forma parte del séquito del general Zagorianski, en una situación económica precaria que no se refleja en su estilo de vida. Sin embargo, él no se siente como un sirviente. Al contrario, está muy seguro de sí mismo y, aunque leal y servil, es crítico con las situaciones en las que se ven envueltos sus jefes y se niega a hacer ciertas cosas.

Roulettenburg, que como todo el mundo podrá adivinar (por escasos conocimientos de alemán que tenga) significa ciudad de la ruleta, es un lugar famoso por sus casinos, en los que reina un ambiente más deprimente de lo que se pudiera suponer. El general se encuentra allí buscando un golpe de suerte, como todos en realidad, y a la vez espera la herencia de Antonina Vassilievna, alias la abuela, una anciana millonaria parienta suya a la que se presupone al borde de la muerte. Sin embargo, un día se presenta allí con su séquito de sirvientes con tantas ganas de jugar a la ruleta como el que más, y pierde grandes cantidades de dinero.

Después de Alexis, el personaje más destacado es el de Apollinaira o Polina Aleksándrovna, rebautizada Paulina en traducciones españolas, la hijastra del general. Ivanovich está perdidamente enamorado de ella, pero mantienen una relación bastante complicada, en la el desprecio y la pretendida indiferencia es el comportamiento habitual. Por lo menos al principio. Alexis no sabe si la ama o la odia al comienzo de la historia, pero después se confiesa su esclavo y le dice que hará todo lo que ella quiera, cosa que cumple; lleva a cabo una chiquillería que le cuesta el puesto.

También están Des Grieux, un francés al que el general debe dinero, Blanche de Cominges, una supuesta princesa de la que el general está enamorado y que maneja varias identidades, y Mr. Astley, un inglés que se salva de los defectos estereotipados a los que Dostoyevski somete a las diferentes nacionalidades que aparecen en el libro. Por cierto, los peor parados son los franceses.

Nada más destacado que el comienzo de esta historia, precisamente por la ausencia de algo a destacar. Y es que ‘El jugador’ comienza a bocajarro. El autor nos introduce en la historia lentamente, a través de informaciones que a primera vista parecen propios de un libro que se abre por la mitad. De hecho, el protagonista no se presenta formalmente; su nombre no aparece hasta el capítulo sexto, y no dice explícitamente que su tarea principal es la de encargarse de los hijos pequeños del general. Sin embargo, la táctica de Dostoyevski funciona. El lector poco a poco va conociendo la información necesaria para comprender el relato.

El juego, además del punto en común de todos los que aparecen en la historia, es además un elemento de tortura psicológica al que se ven sometidos los personajes. Todos creen dominar el juego al principio, como la abuela, que tiene claro que el triunfo es de aquellos que saben retirarse a tiempo. Sin embargo el juego termina por dominarlos a ellos; la anciana millonaria termina desplumada y no es la única, casi todos los jugadores terminan mal de una manera u otra. Porque el juego es fuente de depresión, enfermedad y locura, la justificación del sinsentido con el que a veces actúan los personajes.

Alexis llega a tener una auténtica epifanía, gana mucho dinero en la ruleta y pretende ayudar con él a Paulina, mujer con auténtico garbo que tiene encandilados a casi todos los personajes masculinos de la historia y quiere librarse de Des Grieux. Sin embargo, éste se da cuenta de que su pasión por el juego hace tambalear su pasión por Paulina. A pesar de todo le entrega el dinero acordado y ésta parece contenta y enamorada; pasa la noche con él. Sin embargo, nerviosa y enferma, tacha después a Ivanovich de querer comprarla, le tira su dinero a la cara y corre a refugiarse a los brazos de Astley.
El protagonista se va con lo ganado a París junto a Blanche, siendo ella la ‘’’administradora’’’. Blanche parece ser una de las pocas que no ha sucumbido al juego. Esta era su segunda vez en Roulettenburg, siendo que la primera vez tenía otra identidad y perdió mucho dinero. Sin embargo, aprendió de sus errores y después se dedicó a prestar dinero a los jugadores, y a ayudar a los ganadores a derrocharlo todo en París.

Una vez el dinero de Alexis se ha esfumado en Francia, boda entre Blanche y un general muy tocado psicológicamente de por medio, el protagonista vuelve a la ciudad de la ruleta. Tras diversos problemas y empleos, sigue jugando y espera que se repita su estrella. Tiempo después, en el que la abuela y el propio general han muerto, se encuentra con Astley y le pregunta por Paulina. La cree enamorada de Des Grieux, pero el inglés le saca de su error: ama al propio Ivanovich.

Sin embargo, no le da demasiados detalles de su paradero porque no piensa que él pueda estar con ella. El final queda abierto, pero lejos de resultar halagüeño parece dar la razón a Astley; Alexis se ha convertido en un auténtico ludópata y subordina los demás aspectos de su vida a otro golpe de suerte que de ninguna manera está garantizado. Él ya es un jugador.

A pesar de todo, la novela es brillante y narra muy bien el sentir de los personajes y la manera sutil pero imparable en la que se introducen en la fiebre del juego. El estilo es estupendo; el mundo de sentimientos abocados a la tragedia que narra el protagonista no se hace pesado ni resulta inflado, en parte porque está muy bien escrito y en parte porque los tintes irónicos y mordaces están por doquier; los comentarios de la abuela no tienen precio; echa perlitas cada vez que abre la boca. En definitiva, una novela que está a la altura de su fama. Te encantará.