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Un tiempecito desconectada...

¡¡¡¡Buenos días, amantes de las letras!!!! O mejor dicho, buenas casi tardes. Como algunos ya habréis podido notar, hace unos días que no actualizo el blog. Estoy teniendo unos momentos complicados y por eso me he tomado unos días para ocuparme de otros menesteres más urgentes.

Aparte de eso, también tengo que arreglar unos asuntos en mi pueblo natal. Un lugar estupendo en el que tengo una casa con una gran virtud y a la vez defecto; no tiene internet. Genial para desconectar, y como para volverse loca cuando una pasa demasiado tiempo desconectada. 

En fin. Solo quería deciros eso, que estaré un tiempecito fuera de la red. Aprovecharé para leer más todavía y seguir recopilando las mejores frases que me encuentre a mi paso. Y, por supuesto, os las serviré fresquitas a mi vuelta con energías renovadas. 

Muchos besos y espero que os deis una vuelta por el blog de vez en cuando. Muak, muak!!!

“Esta observación me entristeció más...

“Esta observación me entristeció más de lo que hubieran podido hacerlo los golpes”.

“¿Sabe usted por qué me siento tan feliz al contemplarle?...

“-¿Sabe usted por qué me siento tan feliz al contemplarle? -dijo ella-. ¿Por qué le amo tanto? -¿Por qué? –y mi corazón temblaba. -Le amo, porque no se ha enamorado de mí. Otro, en su lugar, no me dejaría en paz, me atormentaría, caería enfermo… ¡Y usted es tan bueno!”.

“La naturaleza humana es igual en todas partes...

“La naturaleza humana es igual en todas partes y, claro, en un pueblecito se tienen más ocasiones de observarla de cerca”.

“¡Dios mío! ¿Cómo podía yo creerlo? ¿Cómo podía yo ser tan ciego...

“¡Dios mío! ¿Cómo podía yo creerlo? ¿Cómo podía yo ser tan ciego, puesto que nada me pertenecía y todo era para el otro? Su ternura, sus atenciones, su amor…, sí, su amor, no eran otra cosa sino la alegría de su próxima entrevista con él, el deseo de hacerme compartir su felicidad”.

“Por aquella época, un día, después de la lección, comenzó a contarme un cuento...

“Por aquella época, un día, después de la lección, comenzó a contarme un cuento. Era el primer cuento que yo escuchaba. Estaba encantada de oírle. Ardía en impaciencia, aguardando la continuación del relato; me sentía transportada a otro mundo, escuchándolo, y cuando la historia hubo terminado, me quedé entusiasmada”.

“Llena de atenciones para mí, acariciaba, animaba mi corazón...

“Llena de atenciones para mí, acariciaba, animaba mi corazón. ¡Oh! ¡Qué encantadora coquetería le prestaba su felicidad! Y yo… olvidaba y pensaba por momentos que…”.